El alcalde de Baza, Pedro Ramos, permite que el concejal Rafael Azor asuma la dirección de las obras de reforma de viviendas sociales, es la evidencia de una forma de gobernar que quiebra la legalidad, ignora los procedimientos más básicos y roza la temeridad.
El plan de vivienda social del equipo de gobierno del PP no es un plan: es improvisación pura. Una gestión sin método, sin control y sin profesionales habilitados. Y quienes esperan una vivienda social —personas que necesitan una respuesta seria— están siendo tratados con una falta de respeto institucional que resulta intolerable.
En el pleno de junio, el concejal del equipo de gobierno Rafael Azor afirmó que iban a reformar diez viviendas y que “no creo que nos gastemos en estas 10 viviendas más de 150.000 euros”. Una cifra lanzada sin proyecto, sin memoria técnica y sin ningún soporte profesional. 15.000 euros por vivienda, calculados sin rigor. Es la demostración de que se está gestionando dinero público sin planificación y sin responsabilidad.
La situación se agrava cuando analizamos la obra ya iniciada en la vivienda de la calle Zapatería. Las imágenes muestran que la intervención no cumple ni un solo estándar de seguridad. No hay medidas de protección, ni señalización, ni control técnico. Una obra que ningún profesional cualificado firmaría.
Ante esta evidencia, el Grupo Municipal Socialista solicitó en el pleno de julio, el proyecto y el plan de seguridad y salud. Recordamos que cada mes guardamos un minuto de silencio por las víctimas de accidentes laborales: la seguridad no es negociable. También preguntamos quién ejercía la dirección de obra.
La respuesta del miembro del equipo de gobierno D. Rafael Azor fue tan clara como alarmante:
“Estamos redactando el proyecto” —es decir, las obras han comenzado sin proyecto aprobado.
“El director de obra ahora soy yo” —sin la titulación que exige la normativa para asumir esa función.
Esto no es un error administrativo. Es una forma de gobernar que actúa como si el Ayuntamiento estuviera por encima de la ley, saltándose procedimientos que cualquier ciudadano está obligado a cumplir para reformar su vivienda.
Este caso no es aislado. Es un ejemplo más de una gestión marcada por la improvisación constante y el desprecio por los procedimientos institucionales, en este caso rozando la temeridad. Una gestión sin proyecto y sin rumbo.
¿Es este el futuro que queremos para Baza?